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EDICION: # 26 |
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Segregación Demográfica
Aquellos que ya tenemos un rato de anda vagando por ahí en busca de olas, sabemos el impacto que produce el turismo en nuestras costas. Durante mis casi 20 años de viajar por Panamá, Costa Rica y el mundo me ha dado cuenta que las cosas cambian más rápido que el tiempo para arrepentirnos. Recuerdo la primera vez que fui a Jacó en el 86, solo había hielera de casas al frente del mar y playa hermosa estaba solo habitada por lugareños en sus quinchas de paja. Hoy en día, casi 20 años después el lugar es una perfecta metrópolis del surf, donde llegaron inversionistas del extranjero y compraron todo lo que les dio la gana, moviendo a los porteños a tierras más altas y lejanas del mar, las cuales tiene menos valor.
Los lugareños eran ignorantes en ese momento, no sabían que habían vendido una cunilla de oro, ya que esas tierras hoy en día valen millones y no hay ningún surfo de vida normal que tenga los chavos para comprar y vivir en estas preciadas costas. Han puestos muros y han declarado las entradas privadas etc, etc, etc.
La gente que tenía generaciones de vivir ahí, chicos lugareños, ninguno de ellos se ha beneficiado a la larga después de haber vendido. La moraleja es que nosotros los surfos nativos tenemos que entender que nuestra tierra y nuestra patria es lo único que tenemos, si la vendemos toda a los inversionistas, al final serán ellos los que gocen de sus negocios que florecen a costa de nuestra belleza natural.
Hay que mantener las playas vírgenes de alguna forma, así como eran los ochentas, antes de los hoteles y las olas de turismo, cuando éramos solamente nosotros en las olas.
Es un poco lo que nos queda por proteger y tarde o temprano Centroamérica se convertirá en una meca del surf mundial, pero solo vendemos todo no seremos nosotros los beneficiados, sino serán aquellos cuto último interés es patrocinar un evento de surf.
Recibí la triste noticia que el pueblo de Santa Catalina en Panamá ha sido comprado casi en su totalidad por una compañía americana, la cual planea hacer y deshacer el lugar. Los lugareños que tenían más de un siglo de vivir en este pueblito de encanto, han sido lentamente removidos a terrenos que quedan como a tres kilómetros del mar, donde el sonido del mar ya no les canta la canción de cuna en las noches. Se les ofreció un pedazo de tierra más grande y más plata para construir casas de cemento, pero de ninguna forma se les garantizó su futuro, fueron simplemente removidos inteligentemente.
Considero que una compañía de esta magnitud se le debe prohibir el manejar las comunidades costeras con este tipo de farsas. Considero que de alguna forma deben de haber leyes que garanticen una parte equitativa para los habitantes del lugar y tanto la compañía y los lugareños sean beneficiados a largo plazo. Con esto no me refiero a trabajillos de salario mínimo en sus hoteles que hacen millones cada año, me refiero a una relación en la cual el nativo le diga al inversionista: “tú me vienes a quitar la tierra donde yo y mis ancestros hemos vivido felizmente al frente del mar, tú ahora quieres mis tierras, pues me tienes que garantizar mi vida entera con un porcentaje de tus ganancias hoteleras en la tierra mía, de mis abuelos y mis tatarabuelos!”
Póngale cabeza a mi dirección, todavía podemos mantener lo nuestro si nos rehusamos al engaño de un par de dólares y una sonrisa hipócrita.
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