Zona Latina
Un sur común…el surf..!! retrato de la familia Mcgonagle.

Un sur común…el surf..!! retrato de la familia Mcgonagle.
Por: Kiki - Portada: - 18/04/2014

Foto portada y texto: Eduardo José Reyes Paniagua

En el sur de Costa Rica en Playa Pavones a 300 metros de esa mítica izquierda y en una casa adornada por el verde de árboles frutales de todo tipo, se encuentra la familia McGonagle, una familia que es parte de Pavones y de su historia. En esta se encuentran dos jóvenes talentosos, hablamos de Noe Mar de 18 años de edad y su hermana Leilani de 14, quienes a su corta edad se han convertido en un referente en el surf de Costa Rica y latinoamericano.

El año pasado ambos fueron seleccionados en el Mundial Open de Panama y luego en el Mundial Junior de Nicaragua, siendo hasta el momento, los primeros y únicos ticos en la historia del surf nacional en participar en ambos eventos en un mismo año. En cuanto a Noe Mar logro el mejor resultado individual por Costa Rica en ambos torneos. Por su parte Leilani el año pasado al igual que este año logro el mejor resultado para el país en las categorías sub 18 y sub 16 con la diferencia que esa vez logro el segundo y cuarto lugar con tan solo 14 años y trajo al país las cuarta y la quinta medallas mundiales

Esa vez Leilani trajo al país las cuarta y la quinta medallas mundiales y entre los dos suman 3 de las 5 medallas conseguidas por surfistas desde 2011. Los dos otras medallas fueron ganadas por Craig Schieber.
Retrato de una familia con un sur común…el surf!

Familia Mcgonagle / foto Eduardo J. Reyes P.

La búsqueda de lugares y gente es una constante en la mente de aquellas personas que simplemente quieren conseguir y vivir sus sueños y principalmente son base del modo de vista de un surfista. En el sur de Costa Rica, en Playa Pavones, uno de los lugares con una de las Olas más memorables del país y del mundo, no solo esta esa maravillosa izquierda que nos deslumbra en las mañanas y en los atardeceres, hay historias y gentes que deben su vida a este lugar.

Es una mezcla de elementos, frente a la playa podemos escuchar historias en inglés, francés, español, portugués de cómo esa “izquierda” fue la mejor ola de muchos ese día o la mejor ola de la vida de muchos, y de cómo esa sesión fue la mejor para muchos, lo que hizo que ese viaje de más de 200 kms valiera la pena. Ya sea alrededor de un café o una birrita, las historias van y vienen. Todas esas historias que en un sábado pueden contrastar con una venta de artesanías de un grupo de indígenas cercanos a Pavones, con esa mejenguita de niños locales cuyos espectadores simplemente hablan del día a día y porque no, del ruido de unas lapas rojas que frecuentan el espacio aéreo de Pavones y lo hacen su patio de juego.

Foto Casey Rossi

Cerca de todo este día a día y de un pueblo que se mueve al compás de las olas, donde la ocupación en cabinas puede bajar o subir al compas de un oleaje, encontramos una familia que bien puede explicarnos mejor que nadie como un pueblo es influenciado por el surf. A 300 metros de esa mítica izquierda y en una casa adornada por el verde de árboles frutales de todo tipo se encuentra la familia Mcgonagle, una familia que es parte de Pavones, de su historia y un referente importante en el Surf nacional y latinoamericano.

Sean es el padre, tercero de 4 hermanos todos surfeadores y Jamie es la segunda de tres hermanos, donde solo ella surfea. Tienen dos hijos, NoéMar Mcgonagle y Leilani Mcgonagle, nombre Hawaiano que significa flor del cielo. Sean y Jamie han construido una historia vinculada al Sur de Costa Rica. Su estilo de vida actual refleja no solo un amor por el lugar que hoy llaman casa, sino una tranquilidad al estar en Pavones, conocen la playa y la ola mejor que muchos y disfrutan entre sus responsabilidades diarias de un estilo de vida saludable y que gira, como todo en esta familia, alrededor del mar y el surf, el cual es un norte familiar común.

Sean Mcgonagle / foto archivo personal

Con más de 30 años en Pavones, Sean en 1982 y de tan solo 18 años recién salido del colegio comienza un viaje que lo lleva al Sur de Costa Rica. Sus ahorros de estudiante y del trabajo como mesero más la venta de su pick up le permiten realizar el viaje. Pavones se convierte desde ese momento en su casa. Un pueblo sin luz, con modo de vida campesino es quien lo recibe. Sean compra una finca de cacao en Punta Banco y es su primer vínculo a la zona. Obviamente y según nos comenta, siempre estuvo movido por la ola de Pavones, sus interés en un principio estuvieron y siguen estando ligados al mar “…Fue un período en que iba y venía de Estados Unidos a Costa Rica.”

Una vez instalado en Punta Banco, Sean conoce a Jamie a finales de 1991, igual por circunstancias del surf Jamie estaba en una viaje con varias amigas en Pavones. Jamie regresa a estudiar y terminar sus estudios. Se vuelven a ver y deciden volver a Costa Rica. Sean cuenta como tuvo que vender todo lo que tenía, su Ford pick up con camper, y demás posesiones para volver a la mítica izquierda de Pavones, fueron 6 meses de viaje que en 1993 los trae de regreso a Pavones, y desde la fecha esta es su casa. Su primer finca en Punta Banco fue el producto de 15 años de trabajo en construcción, luego esta primera finca es vendida para comprar otra porción de tierra que hoy queda cerca de su casa. La Riviera, haciendo alusión a San Clemente en California hace que los Mcgonagle comiencen un proyecto de cabinas que en la actualidad demandan la mayor cantidad del tiempo de la familia fuera del agua.

Jamie McGonagle / foto archivo personal

Con el tiempo la familia se fue acomodando, vinieron los chicos, el primero NoéMar cuyo nacimiento estuvo ligado a una serie de imprevistos que hoy son recordados entre sonrisas. Una partera al otro lado de Pavones, en Matapalo y un nacimiento adelantado en dos semanas hacen un contexto de nacimiento bastante peculiar. Leilani nace en su actual casa en Pavones, ninguno nace en un hospital, fueron partos realizados por una partera de la zona, Sean me comenta “que Jamie no se sentía cómoda en el hospital, simplemente no le gustó”.

Sean cuenta como la familia tuvo épocas difíciles, crecer como familia en un pueblo que no tenía muchas de las comodidades que hoy tienen fue un proceso duro. Parte de esos cambios los trajo la electricidad, cuando se logra habilitar el servicio de energía eléctrica en Pavones Sean fue de los más beneficiados. Su experiencia previa en construcción en Estados Unidos junto a una bicicleta la cual modificó para jalar sus herramientas le permitieron tener una muy buena fuente de ingresos, casi todas las casas de Pavones tienen luz producto del trabajo como electricista de Sean, “iba y venía de un lado para otro con la bicicleta, era normal verme por todo lado poniendo o arreglando cosas relacionadas a la electricidad..”.

Familia Mcgonagle mirando a Leilani surfeando / foto Eduardo J. Reyes P.

El transcurrir de los noventas generaba un cambio en la familia, a finales de la década con la llegada de NoéMar y Leilani la dinámica de la familia no cambia. Era normal ir a la playa, los chicos siempre iban con ellos, la playa era un segundo hogar. Fue un proceso largo, los chicos poco a poco se fueron sintiendo cómodos en el mar, “ese instante cuando un niño cierra los ojos y juega en el mar, es cuando uno dice, está tranquilo en el agua”. Fuera a surfear o jugar en la arena, los chicos desde pequeños escuchaban el “vamos para la playa”.

Una niñez muy acompañada de espacios al aire libre y agua acompañaron a los chicos, siempre de la mano de Jamie y Sean. En un principio, NoéMar aunque mostraba afinidad por el agua sentía más apego al fútbol, dicen que era un morado apasionado y llevaba puesta por mucho tiempo una camiseta que hacia claro cuál era su equipo de preferencia. Jamie me dice como “pasamos muchos fines de semana viendo a Noé jugar aquí o allá”, fue ya entrados los 8 o 9 años que él toma la decisión de dedicarse a ser un surfeador profesional. Leilani, de igual forma tuvo una niñez tranquila, rodeada de barbies y juego. Impulsada al ver a NoéMar surfear Leilani igual comienza a temprana edad su formación como atleta y surfeadora.

Noe y Leilani / foto archivo personal

El tener 2 hijos surfeadores ha sido un complemento a la dinámica de la familia Mcgonagle, poco a poco han ido adaptando su día a día a esto, sus actividades diarias están delimitadas a algo simple y complicado “si hay olas” nos fuimos para el agua. Poco a poco Jamie ha asumido un rol “administrativo” dentro de la dinámica familiar, ya sea dentro de la casa o el negocio, coordina los viajes de los chicos, tiquetes, comidas y demás detalles que ella considera los chicos todavía no manejan bien. Sean asume en su día a día una parte más física y técnica, relacionado más al surf de los chicos y siempre apoyado en los videos y fotos que él ha ido recopilando desde hace ya algunos años de los chicos.

Es un día a día complicado, los oleajes van y vienen en Pavones y eso mueve el tránsito de gente. La familia Mcgonagle en ocasiones ha tenido que verlos de largo, las demandas de las cabinas en la Riviera hacen que Sean en ocasiones deba ver las olas desde lejos por tener que reparar alguna urgencia en las cabinas o por estar pendiente de la hora y día de llegada de algunos inquilinos, al final para poder surfear tranquilos y lo más importante poder comer al final del día, dependen de su trabajo en la casa.

Noe Mar / foto Rommel Gonzales

Convivir con ellos implica aprender a reconocer que quizás existe una similitud de estilos de Leilani con su madre Jamie y de Sean con NoéMar, ellos mismos me lo dicen sentados en una tarde en su patio mientras, entre risas su perra Leah abre un coco para todos. Al hablar de estilos dice que “la única diferencia bien marcada es que solo existe una única goofy en la familia, Leilani”. Las bromas sobre estilos, similitudes acompañan la tarde y me doy cuenta que no existe ninguna competitividad que no sea sana en la familia, todos surfean y lo hacen muy bien.

Leilani / foto Tony Roberts

Como toda familia, los Mcgonagle han estado preocupados por la educación de los chicos, NoéMar logró concluir la escuela en Pavones y luego entra a un sistema certificado de “home school o maestro en casa”. Leilani, se incorpora también a esta sistema luego de cruzar tercer grado, “creímos que Leilani no iba a durar mucho en este sistema e iba a decidir volver a las clases normales” pero no fue así, hasta el día de hoy ambos chicos siguen un estricto horario de estudio, el cual su madre Jamie se encarga de dirigir. Es normal en las noches verlos resolver algunas dudas generales en familia.

De lo bueno de este sistema es que “el feriado puede ser un día que hay buenas olas, solo que luego tenemos que reponer ese tiempo en la mañana o en la noche” me dice Leilani con una risa que delata unas ganas constantes de estar en el agua. Este aspecto igual es cubierto cuando NoéMar está de viaje me dice Jamie, “él se lleva una lista de cosas por hacer y debe cumplirlas durante su viaje. Se puede ayudar a veces con otros amigos donde él va y llevan el mismo sistema, y de no ser así, él deberá hacerlo por sus medios y para su propio bien”, claro está, la cara de Noé al fondo mientras su madre me cuenta este plan no es muy alentadora, al final….todas las tareas se cumplen, no importa el lugar.

Leilani from Jamie Cada on Vimeo.

No estamos seguros de si NoéMar o Leilani sigan estudiando en la universidad una vez que cumplan con su plan de estudios, lo que sí sé me dice Sean es que surfearán toda la vida. La vida de la familia Mcgonagle ha ido poco a poco girando más y más alrededor del surf, su norte diario es el surf. En la actualidad Leilani y Noe viajan mucho, ya sea dentro del país para ir al CNS o fuera para torneos que den puntos toda la familia ha tenido que acomodarse y esto no ha sido fácil.

La formación de los chicos es integral, el método da resultados. Escucharlos hablar o verlos desenvolverse deja en evidencia que ellos tienen una muy fuerte influencia en el carácter por parte de su madre y padre. El complemento a su “maestro en casa” es una formación que lleva comida adecuada y un modo de vida que prácticamente no permite estar despierto más allá de las 9:30 pm. Incluso, preguntar si existe algo bueno por hacer un sábado en la noche me genera como respuesta de NoéMar, que “no hay nada bueno, es mejor dormir y descansar para mañana”. Al final es evidente que Sean y Jamie han hecho las cosas bien, los chicos saben lo que tienen que hacer y usualmente escogen lo que más les conviene, no a ellos y de manera egoísta, sino a la familia y a lo que ha sido un esfuerzo de años.

Un escenario no muy común es ver a los cuatro en el agua, uno de los días que estuve con la familia tuve el chance de ver a los Mcgonagle tomar un set para ellos, salvó NoéMar que luego me dijo, “la ola que iba a agarrar me la quitó mi papá”. La convivencia en el agua es sana, se hacen comentarios y observaciones, se corrigen estilos, algunas veces se hace caso, otras no, me dice Sean…aunque al final, siempre se logra, es parte del norte familiar. El que la familia sea el eje central puede garantizar a la familia una confianza muy sana. Los chicos no son competitivos, el único deseo por ejemplo de Leilani es “al ver surfear a mi hermano, yo solamente quiero ser como él o surfear mejor que él, pero se el quiere lo mismo, por lo que vamos a estar creciendo siempre sanamente”. Estos espacios de convivencia poco tradicionales para cualquier familia hacen que los Mcgonagle de manera certera me digan “somos afortunados”.

Sus estilos de tablas son diferentes, NoéMar me dice que no tiene una favorita, que todo depende del lugar donde vaya a surfear y del tipo de ola, igual Leilani. Lo curioso es saber que las primeras tablas que por ejemplo NoéMar utilizó fueron hechas por Sean “yo agarré algunas tablas viejas y las modifiqué, no eran tan bonitas”. Jamie también recuerda por ejemplo como una de las primeras tablas que Leilani tuvo fue una que ganó en un torneo, y como el nivel de ella, más el enorme agradecimiento de la familia hicieron que ella formara parte del equipo de Carton Surfboards a muy temprana edad y quien ha sido un apoyo importante para Leilani en toda su carrera.

La familia Mcgonagle ha ido creciendo, el trabajo constante de la familia hacen que el día a día no se sienta tan pesado. Una rutina de surf, trabajo y estudio preparan a los chicos a ser responsables, a cumplir con lo que se propongan dentro y fuera de su casa. Uno de los puntos fuertes que la familia vive en la actualidad son los constantes viajes fuera del país de los chicos, según Jamie y Sean un papel muy importante lo ha cumplido la Federación de Surf de Costa Rica, a muy corta edad NoéMar se prepara para su 7º mundial en categoría Open y Leilani para su 6to mundial en categoría Open. A esta edad en otro país sería muy complicado que ambos tuvieran esa experiencia me dice Sean.

Bronce para Noe Mar Mundial Junior Panamá / foto ISA – Michael Teddle

Dentro de todo esto, llegar a donde están ahorita ha requerido de trabajo duro, momentos muy complicados como la lesión de NoéMar antes del viaje a Francia el cual era su primer torneo internacional han marcado a la familia; un padecimiento de escoliosis por parte de Leilani también forman parte de ese día a día y momentos que la familia debe afrontar. Con todo esto, los momentos de triunfo o alegría se disfrutan más, ya que nada ha caído del cielo.

Una preocupación constante cuando los chicos viajan es no saber qué pasa con ellos, en una ocasión hemos visto que NoéMar ha perdido su vuelo y tablas por instagram o Facebook. Las limitantes económicas en ocasiones impiden que ambos viajemos, solamente NoéMar lo hace solo y uno no deja de preocuparse por eso me dice Sean. Con Leilani siempre viaja alguno de los dos. Al final son cosas con las que han aprendido a lidiar desde temprana edad.

A pesar de todo, los constantes viajes son de esos puntos que preocupan y que la familia está tratando de solventar, ya que en la mayoría de los casos NoéMar viaja solo. Ellos mismos utilizan el dinero que ganan para algunos gastos del viaje o para ahorrar para otros viajes y poder seguir compitiendo fuera del país. Conforme los chicos van ganando algunos torneos ellos mismos van dando vuelta y se pagan otros viajes, es una mentalidad a mediano y largo plazo. Los costos se disminuyen igual cuando se comparten gastos o todo este tipo de cosas con otros competidores. De igual forma el hecho de que al viajar tanto les permite tener muchos amigos fuera del país y se puede ir, dormir y pasar un tiempo donde ellos, todo esperando a cambio que cuando vengan a Costa Rica, la casa de los Mcgonagle los reciba.

Escuchar a Jamie y Sean aconsejar a los chicos es un referente a una dinámica sana, el ejemplo o frase de Sean “es mejor mantenerse en el ojo del huracán que fuera de él” hace entender a los chicos de que pueden llegar a estar rodeados de mucho ruído, amigos, fiesta y demás cosas, situaciones y personas que no les convienen, pero ellos deben mantenerse en lo suyo. NoéMar y Leilani son conscientes de esto, a su corta edad tienen su norte fijado, y verlos pensar en eventos de ASP o un ALAS es producto de esa cultura del surf que sus padres han heredado y que ellos han moldeado a su estilo de vida. Simplemente de pequeños les gusto el deporte y hoy luchan porque este sea su modo de vida.

Plata para Leilani Mundial Junior Ecuador / foto ISA – Michael Tweddle

Es fácil entender como en un día a día y luego de más de 30 años el rol del surf dentro de la familia es más que evidente. Una familia cuyo cronograma es dado por las olas y por todo lo que estas generan en el lugar donde viven y en sus alrededores. Para ellos, dejar Pavones no está dentro de sus planes, la mítica ola del Sur de Costa Rica los atrapó y han moldeado su vida a partir de ella.

La convivencia con la familia resulta sencilla, son una familia cuyo amor por el Surf enamora a cualquier que sea apasionado del agua o no. Las tablas en la casa, las pantalonetas colgando son parte del paisaje. Entender la dinámica también es sencillo si vemos toda la historia en su contexto, no ha sido fácil y se ha requerido de trabajo duro.

Las preguntas iban y venían, retratar a una familia que dice no sentirse especial en el surf nacional es complicado. Su relación con el medio parece buena, no es normal ver a un padre aconsejando a sus hijos tipo coach luego de un Heat, eso da un matiz especial a la familia. Los valores son los mismos, no cambian en el lugar ni en el tiempo, la manera en que cada familia o persona los asume es lo que hace la diferencia. Los Mcgonagle dejan claro que el buscar una ola, el buscar por un lugar donde se pueda ser feliz y hacer lo que se ama todavía es posible. Igual de gratificante resulta conocer y ver que hay una familia que es producto del soñar y querer ir en busca de lo que se quiere.

Al final del viaje se entiende como aquella ola es de las que más se recuerdan, como aquel lugar puede dar sentido a un viaje y a una vida, cualquier que tenga dudas, debería ir a comerse un atún y disfrutar de una cena con la familia Mcgonagle…el sabor y la historia no se olvidan.

foto Eduardo J. Reyes P.

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